El “saco de la fuerza de voluntad”: vivir entre el “deber” y el “querer”
En la práctica de la Psicología, tanto Deportiva como Clínica, es muy frecuente la utilización de metáforas para poner en marcha la técnica de la reestructuración cognitiva. La reestructuración cognitiva es una estrategia que utilizan los y las psicólogas para explorar y cuestionar creencias rígidas en lo/as pacientes, ayudarlo/as a desaprender rutas de pensamiento obsoletas y/o dañinas y que puedan aprender herramientas nuevas.
Una de las metáforas que utilizo frecuentemente durante las sesiones es la del “saco de la fuerza de voluntad”. Me gusta imaginar que tenemos a nuestra disposición un saquito que cada día amanece lleno de “fuerza de voluntad”. De esta manera, podemos ir intercambiando cantidades de “fuerza de voluntad” por cada “deber” al que tenemos que enfrentarnos: levantarnos temprano, tener que ir de pie en el transporte público, trabajar 8 horas (o más), hacer una llamada difícil, ir al gimnasio, etc. El problema de este saco es que es finito. No hay cantidades de “fuerza de voluntad” ilimitadas, hay una cifra contada. Entonces, surge la gran pregunta: ¿cómo vamos a llegar al final del día haciendo todo lo que debemos hacer sin agotar nuestra fuerza de voluntad?
Deberes
El primer paso para lograr este objetivo es el de reducir los deberes a los que nos enfrentamos en nuestro día a día. Habrá que valorar si algún “deber” puede eliminarse o postergarse. Por ejemplo, se podría eliminar un “deber” que no tiene un verdadero sentido para nosostro/as y/o que se mantiene por exigencias externas, como el de maquillarse antes de salir de casa, seguir una moda en concreto o hacer un plan que no nos apetece. Por otro lado, un día especialmente duro en el que ya hayamos tenido que sacar mucha “fuerza de voluntad” se puede decidir posponer un “deber” que no es muy urgente, como el de poner la lavadora. Pero en este caso, este “deber” -poner la lavadora- tendrá que hacerse frente en algún momento. Si no es hoy, tendrá que ser mañana.
Quereres
Como aún quedan dudas acerca de cómo podemos terminar el día sin llegar a números negativos de “fuerza de voluntad”, el segundo paso para la solución de este problema es llenar nuestro saco de quereres: deseos, ganas, motivaciones, cosas que nos nutren…
Otra de las estrategias más frecuentemente utilizada por lo/as psicólogos en la práctica clínica -y deportiva- es la de fomentar el autocuidado y las actividades gratificantes. El autocuidado implica llevar a cabo conductas y/o actividades que fomenten nuestro bienestar, como comer adecuadamente, movernos, cuidar nuestra higiene, etc. Las actividades gratificantes, en cambio, generarán bienestar desde la práctica de nuestros gustos o hobbies, como salir a correr, pintar o escuchar música. Las actividades gratificantes, por lo tanto, serán diferentes para cada persona.
Consecuentemente, llenar el saco de quereres implicaría poner en marcha alguna de estas conductas. Por ejemplo, podríamos compensar un día duro en el que pasamos mucho tiempo fuera de casa trabajando tomándonos una pausa para comer algo rico en un sitio que nos guste -ir a un restaurante agradable, prepararnos un tupper de nuestra comida favorita, comer sentados en un parque al sol, etc.-.La moraleja de esta metáfora, entonces, sería cuidar la cantidad de “fuerza de voluntad” que estás sacando de tu saquito y, siempre que puedas, llenarlo de quereres que hagan de tu día algo más agradable, cuidadoso y feliz 🙂

