Hazlo con miedo

por | Feb 16, 2026 | Psicología | 0 Comentarios

hazlo tu mismo

El miedo es una de las emociones básicas del ser humano, como la felicidad y la tristeza -emociones tratadas en anteriores entradas de este blog que te invito a revisar-. Las emociones básicas son las emociones que podemos sentir, expresar e identificar todos los seres humanos, independientemente de nuestro aprendizaje y proceso de socialización. Consecuentemente, todas las personas sentimos, expresamos e identificamos la emoción del miedo de igual manera. Las otras emociones que se consideran básicas son la ira y el asco, aunque alguno/as profesionales también incluyen la sorpresa.

¿Es una emoción buena o mala?

Cuando planteo esta pregunta en una sesión de terapia, es habitual que se identifiquen ciertas emociones como mejores que otras. En el caso del miedo, es frecuente que se señale como mala. Pero, aunque pueda generar incomodidad sentir miedo, debemos tener presente que todas las emociones son necesarias, a pesar de que puedan generar malestar. Este es uno de los primeros aprendizajes de gestión emocional.

Gestión emocional

La gestión emocional es un objetivo terapéutico muy frecuente. Por lo general, no se suele educar en emociones y nuestros aprendizajes al respecto suelen ser bastante desadaptativos. Es habitual que las personas no sepan identificar cómo se sienten ni por qué. Y en el caso de que se sepa nombrar lo que se siente, es frecuente que las creencias sobre las emociones sean negativas, entendiendo una emoción como mala y apareciendo la culpa por sentirnos así. Es por ello por lo que la gestión emocional es tan importante, siendo su objetivo aprender a identificar las diferentes emociones, entender que nos quieren decir y responder de una manera cuidadosa con nosotro/as mismo/as.

Primer paso: identificar la emoción

Las emociones básicas ayudan a simplificar el proceso de identificación emocional. Centrándonos en estas cinco, o seis, emociones centrales, podemos extrapolar nuestro aprendizaje al resto de emociones secundarias cuya raíz es alguna de las emociones básicas. En el caso específico que nos concierne, las emociones más específicas que surgen del miedo son la ansiedad, el agobio, los nervios, la inseguridad, la preocupación, etc.

Segundo paso: entender la función del miedo

El miedo surge como una emoción que ayuda a protegernos. De una forma más primitiva, el miedo ayuda a protegernos de un daño físico activando una respuesta de lucha o huida. Por ejemplo, si nos encontramos de frente con un lobo, el miedo nos intentará proteger activando nuestro sistema para pelear o salir corriendo. Actualmente, aunque el miedo al daño físico sigue existiendo, también es muy frecuente el miedo al daño del autoconcepto. Por ejemplo, el miedo a presentarme a un examen, ya que la nota que obtenga va a determinar si consigo el trabajo y, en muchas personas, su percepción de valía.

Tercer paso: responder de manera cuidadosa

Una vez hemos superado el primer y segundo paso, por lo que sabemos por qué estamos sintiendo miedo y entendemos por qué está apareciendo ahora, tenemos que buscar la respuesta que más nos beneficie. Siguiendo con el ejemplo del examen, reconocemos que nuestra activación fisiológica y los pensamientos rumiativos sobre nuestro rendimiento se deben al miedo anticipatorio a suspender. Entendemos que nos sentimos así porque es un examen importante en el que nos gustaría tener un buen resultado. Consecuentemente, valoramos nuestra opciones de respuesta: ¿dejo de estudiar y no me presento ya que seguramente suspenda igualmente? ¿Me paso la próxima semana estudiando de 6:00AM a 2:00AM? ¿U opto por la decisión más cuidadosa: dosifico mi estudio de manera que aproveche el tiempo, pero teniendo en cuenta mis necesidades de alimentación, ejercicio, conexión y descanso, y entendiendo en todo momento que a pesar del miedo y los pensamientos que le acompañan mi valía no tiene que ver con el resultado? Te dejo a ti, lector/a, la responsabilidad de decidir 😉

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