¿Cómo dejo de sobrepensar?

por | May 19, 2026 | Psicología | 0 Comentarios

Siempre me gusta explicar a mis pacientes que en Psicología, ya sea clínica cómo deportiva, siempre vamos a hablar de tres cosas: emociones, pensamientos y/o conductas. En esta ocasión, nos centraremos en la segunda. 

Sobrepensar es una queja frecuente en psicoterapia. A menudo se tiene la creencia de que “pienso demasiado”. Puede ocurrir que haya ideas recurrentes que molesten, hagan daño o que incluso lleguen a dificultar la actividad diaria de la persona: no logrando dormir tranquilamente, teniendo dificultad para centrar nuestra atención en tareas relevantes como trabajar o estudiar, o incluso impidiendo comer adecuadamente o socializar.

Para comenzar a explicar cómo funciona el pensamiento, me gusta comparar el cerebro con el corazón. Todos tenemos claro que el corazón es un órgano cuya función es bombear sangre, y que si dejase de hacerlo sería un problema. El cerebro funciona de una manera similar. La función de nuestra mente es “bombear pensamientos”, y la idea de que esta actividad pueda parar es errónea y, como en el caso del corazón, problemática. 

Por mucho que lo intentemos, no podemos vaciar nuestra cabeza de ideas. Si te pido que no pienses en un elefante rosa, ¿en qué estás pensando? Evidentemente, en un elefante rosa. Es por ello por lo que la habilidad de “poner la mente en blanco” es una creencia que lo único que conseguirá es frustrarnos. 

Continuando con lo comentado anteriormente acerca de que en el espacio terapéutico siempre se hablará sobre alguna de estas tres cosas: emoción, pensamiento y/o conducta, suelo preguntar cuál o cuáles de todas ellas controlamos. La respuesta es que sólo tenemos control directo de nuestra conducta; las emociones y pensamientos tendremos que aprender a gestionarlos. En el caso de los pensamientos, una vez entendemos que no pueden pararse, podemos centrar nuestros esfuerzos en gestionarlos de la siguiente manera: orientándolos a nuestro favor. No podremos eliminar drásticamente ideas dañinas de nuestra cabeza y dejar de pensar, pero sí podemos cambiar nuestra atención a otras más beneficiosas. 

Otra metáfora que me gusta utilizar para seguir con la explicación es la del sendero. Imaginemos un sendero por el bosque. El camino más frecuentemente utilizado por transeúntes y animales estará más despejado. En cambio, las zonas no transitadas estarán más frondosas. Nuestra cabeza también tiene estos “caminos”. Hay senderos por los que caminar -pensar, si hacemos referencia a nuestra mente- es más fácil, ya que los utilizamos a menudo. Pero, al contrario de lo que podamos creer, que “caminar” por ahí sea más sencillo no significa que sean “senderos” buenos y/o útiles. Por ejemplo, puedo tener un “camino” muy bien marcado de pensamientos catastróficos respecto al futuro porque comienzo muy fácilmente a “caminar” por él y me quedo horas “dando vueltas”.

Al principio, salir del camino marcado e ir campo a través va a ser un gran esfuerzo. Vamos a necesitar de herramientas que nos ayuden a liberar el paso. Pero a medida que vayamos acostumbrándonos a caminar por este nuevo lugar, dejaremos nuestro antiguo sendero atrás. Siguiendo con el ejemplo anterior, al principio costará dejar de pensar en el futuro como algo catastrófico y centrarnos en las cosas que están bajo nuestro control, como proyectos que nos ilusionen, planes que nos apetezcan o actos de autocuidado, pero cuanta más energía dediquemos a este nuevo camino -estos pensamientos más beneficiosos-, menos espacio dejaremos para aquellas ideas irracionales y pesimistas que nos hacen daño. 

La solución ante la tendencia a sobrepensar, entonces, no puede ser pretender que desaparezca el camino dañino y “dejar la mente en blanco”. Para ello, necesitaremos trabajo para crear un nuevo sendero más agradable y tiempo para que vuelva a crecer la hierba y nos dificulte volver a pasear sobre el anterior.

Relacionado