Blue Monday, tristeza y vacío

por | Ene 26, 2026 | Psicología | 0 Comentarios

El Blue Monday, el “dia mas triste del año”, sucede el tercer lunes de enero. Aunque no se sostenga con ningún tipo de evidencia científica, sino que sus orígenes se remontan a una estrategia publicitaria, este concepto define una realidad para muchas personas durante el primer mes del año. Es por eso por lo que resulta relevante analizar este suceso desde la perspectiva de la Psicología Clínica. 

Enero puede ser un mes complicado. Después de la intensidad emocional, la importancia de los vínculos y la ilusión de las navidades, enero implica una vuelta a la rutina. Baja la estimulación externa. Además, el frío y la oscuridad habitual de los primeros días del año en la mayoría de localidades de España no ayuda. Consecuentemente, es fácil que nuestro ánimo se vea reducido después de las fiestas.

En este momento, se vuelve relevante diferenciar entre lo que puede ser un sentimiento normal y común de otro que puede tener mayores consecuencias.

La tristeza como emoción básica y necesaria

La tristeza es una emoción básica presente -y necesaria- en todos los seres humanos, e incluso en algunos animales.  Sin embargo, a diferencia de otras emociones como la ira o el miedo, es una emoción que no activa una respuesta evidente, sino que invita a parar y reflexionar. Esto nos hace sentir mucha confusión e incluso culpa en una sociedad tan productiva como en la que vivimos. Además, la tristeza se suele relacionar con la pérdida, ya sea una pequeña, como un plan que nos hacía mucha ilusión, o una más grande, como una ruptura de pareja, de empleo o de un ser querido. 

En enero, como en el resto de momentos en los que aparezca esta emoción, es importante permitirnos sentirla, parar si lo necesitamos -especialmente a comienzos de año con la autoexigencia que se activa ante los nuevos propósitos-, hablar sobre ello y compartir la carga. 

El sentimiento de vacío

Como se adelantaba con anterioridad, es importante estar atento/a y diferenciar entre la emoción puntual de tristeza y el sentimiento continuo de vacío. 

El vacío es un sentimiento más persistente que se vincula a la sensación de ausencias significativas. Esta sensación, en algunos casos, puede responder a objetivos vitales no satisfechos, en los cuales nuestras expectativas y deseos no corresponden con la realidad. En este caso, conviene reflexionar acerca de si esos propósitos de los que se habla más arriba son realistas o estamos exigiéndonos una​ injusticia. Además, hay que aceptar que el ideal al que frecuentemente se aspira nunca será tan perfecto como en nuestra imaginación. Si no ajustamos nuestras expectativas y aceptamos la frustración como parte de la vida, es fácil caer en el error de “llenar” estos vacíos con comida, drogas, relaciones perjudiciales y otras conductas dañinas. 

Aunque el vacío es un sentimiento frecuente, al igual que la tristeza, es importante tener más cuidado y trabajarlo con mayor profundidad durante el proceso terapéutico, de forma que se puedan llenar esos vacíos con cosas útiles y beneficiosas y/o crecer alrededor de las pérdidas. 

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