“Burn out”, el síndrome del trabajador/a quemado/a

por | Sep 15, 2025 | Psicología | 0 Comentarios

burn out

En los lugares de trabajo, cada vez es más común escuchar frases como: este compañero sufre “burn out” o mi amiga “está quemada”. Pero, en Psicologia, ¿a que nos referimos exactamente? Para definir el burn out o el síndrome del trabajador/a quemado/a, es relevante tener claros y diferenciar otros conceptos psicológicos como estrés y ansiedad. Cuando se habla de estrés, nos referimos a la reacción del cuerpo ante demandas externas percibidas como superiores a los recursos o capacidades que se considera que se dispone para enfrentarlas. En cambio, la ansiedad es la respuesta emocional y fisiológica ante una amenaza percibida, ya sea real o imaginaria, que desencadena una fuerte anticipación negativa. A diferencia del estrés, la amenaza puede ser de origen interno. Teniendo esto claro, ya que el burn out se basa en demandas reales, podemos definirlo como el estado de agotamiento físico, emocional y mental causado por estrés crónico. Esto significa que el síndrome del trabajador/a quemado/a se genera por la exposición continuada a tareas laborales, académicas o deportivas a las que nos sentimos incapaces de hacer frente. Como consecuencia, el burn out puede generar:

    • Cansancio extremo que no mejora con descanso
    • Despersonalización o desconexión emocional, ejemplificado con afirmaciones como “me da igual todo».
    • Sensación de ineficacia o falta de logros.
    • Cinismo, desapego o actitud negativa hacia el trabajo
    • Perdida de motivación

Como se explica más arriba, el burn out tiene una base real, pero las expectativas personales y laborales -o académicas o deportivas-, juegan un gran papel a la hora de agravar el problema. Lo que sentimos que se espera de nosotro/as aumenta la carga de las tareas a las que nos enfrentamos. También la percepción de falta de control, la ausencia de reconocimiento y la sensación de disponer de recursos limitados exacerban la situación.

Antes de llegar al colapso y a “quemarnos”, solemos ignorar señales como las siguientes:

  • “Estoy siempre cansado/a, pero hay que seguir”. Parece que las horas de sueño y los fines de semana ya no son suficientes, no logramos y/o permitimos desconectar nunca.
  • “Ya no disfruto de lo que hago”. No encontramos la pasión que antes teníamos por nuestro trabajo, estudios o actividad deportiva. La rutina y las exigencias han sobrepasado y dejado de compensar el
  • “Estoy siempre irritado/a y me enfadado con facilidad”. Al tolerar esta situación, estoy siendo injusto/a conmigo mismo/a, no estoy escuchando mis necesidades y estoy ignorando mis límites.

Cuando no hemos escuchado las señales y llegamos al punto del burn out, al contrario de lo que muchas veces hacemos y creemos suficiente, no basta con tan solo parar durante un tiempo limitado y escapar de la rutina. Aunque sintamos que lo que necesitamos sea irnos de vacaciones, o en casos más extremos, una baja o un cambio de trabajo, sanar pasa por reconocer lo que está ocurriendo. Se debe hacer un trabajo de autoconocimiento y comenzar a enfrentar cambios, como cuidar más de nuestras necesidades, poner límites, cambiar nuestro discurso interno, etc. De esta manera, no dejaremos la mejoría en un posible cambio de las condiciones externas. La mejoría llegará cuando el cambio sea interno y alcancemos un mayor autocuidado.

El autocuidado será básico para el tratamiento, pero también para una buena prevención del burn out. Por lo tanto, parece recomendable prestar atención al autocuidado físico, procurando dormir las horas necesarias, comer lo que nuestro cuerpo demande para nutrirnos y respetar nuestros horarios de descanso. Con respecto al autocuidado emocional y relacional, deberemos intentar escuchar nuestra emociones y sentimientos, lo que necesitamos, aprender a decir que no y marcar límites, etc.

Como conclusión, para prevenir el burn out o síndrome del trabajador/a quemado/a, no ignores las señales y dedica tiempo a escucharte y a darte lo que necesites. El contexto externo puede y debe ser retador, pero marcar límites a las exigencias laborales, académicas y deportivas y tener un buen autocuidado marcará la diferencia entre ser suficientemente bueno/a en lo que haces y sucumbir al agotamiento. ¡Cuídate!

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