Septiembre: el regreso de la rutina y de los miedos. ¿Qué es el Síndrome del impostor o de la impostora?
Septiembre, para muchas personas, supone un comienzo más importante aún que el nuevo año en enero. Comienza un nuevo curso académico, una nueva temporada deportiva… y con ello regresa la rutina, acompañada de nuevos retos y, en ocasiones, nuevos miedos, como el Síndrome del impostor/a. Pero, ¿qué es exactamente y cómo se manifiesta? El Síndrome del impostor o impostora (SDI) es la creencia de dificultad o incapacidad para llevar a cabo una actividad, ya sea laboral, académica o deportiva. Se manifiesta principalmente por:
• Pensamientos y creencias negativas hacia uno/a mismo/a
• Sensación de inseguridad
• Miedo al fracaso
• Reducción del bienestar
• Reducción del rendimiento
En los ámbitos laboral, académico y deportivo, el SDI genera mucha autoexigencia y una vivencia cargada de ansiedad, llegando incluso a generar situaciones como: no presentarse a exámenes, necesitar bajas laborales, sufrir lesiones deportivas, etc. En cuanto al impacto físico del SDI, un ejemplo visible frecuentemente ocurre en niño/as, los cuales, ante una actividad que les genera mucho malestar -un examen, una presentación o una competición-, debido a las altas expectativas y la baja creencia de capacidad, llegan a sufrir dolores de estómago, de cabeza, nauseas, vómitos, etc. Esto también puede suceder en los adultos, llegando a padecer de insomnio, sufrir migrañas, intolerancias alimentarias, etc.
Los más afectados por el SDI son, en el 86% de los casos, personas de entre 18 y 34 años. Frecuentemente, está población llega a afirmar “no merecer el puesto de trabajo en el que se encuentran”. Además, en el caso de las mujeres, estas también sufren SDI en mayor proporción. 3 de cada 4 mujeres experimentan el SDI en algún momento de su vida.
Existen mensajes o vivencias que pueden contribuir a que aparezca el SDI con mayor facilidad, tales como:
• No reconocer nuestros logros, pero sí castigar los errores. Por ejemplo, que se nos castigase cuando suspendíamos en lugar de ayudarnos más en el próximo examen, pero que cuando aprobásemos o sacásemos una buena nota esto sea entendido como “tu deber”.
• Validar solo un tipo de logro. Por ejemplo, solo premiar sacar un 10 en un examen o quedar primero en una competición, pero no celebrar un 9 o un segundo puesto.
• No reconocer el esfuerzo. Por ejemplo, a pesar de la nota o el resultado, no dedicar unas palabras de admiración al tiempo que ha dedicado a estudiar, entrenar o trabajar.
El SDI es curioso, ya que al contrario de lo que fácilmente podríamos pensar, todo/as somos vulnerables a que aparezca en algún momento, independiente de nuestro éxito. Aunque el éxito sea mayor, la sensación de seguridad no tiene por que aumentar, sino que este podría generar nuevas y mayores exigencias. Por lo tanto, es importante tener claro que ante el SDI lo que falla no son los resultados, sino la percepción del autoconcepto -es decir, teniendo unas creencias negativas y pesimistas respecto a uno/a mismo/a y el rendimiento-. A medida que nos hacemos mayores y aumenta nuestra experiencia, logramos más objetivos y mejoramos la percepción de autoeficacia -es decir, la sensación de control y éxito en las tareas que llevamos a cabo-, el SDI puede mejorar.
Pero, ¿cómo puedo estar seguro/a de que lo que me sucede es SDI? Además de si te sientes identificado/a
con todo lo comentado anteriormente, si en algún momento te has dicho frases como: “no puedo cometer errores”, “debo ser perfecto/a», “no merezco este reconocimiento”, “lo que hago no es para tanto”… es posible que te estes considerando un impostor o impostora.
Ante esta situación, es importante recordar los logros que ya se han conseguido. Muchas veces, cuando nos enfrentamos a nuevos retos, se nos olvida que ya hemos enfrentado dificultades anteriormente. Es importante que a pesar de nuestros errores, hemos sobrevivido y ¡estamos aquí!. Si aún así hay dudas, siempre podemos recurrir a la frase de “fake it until you make it”. Este es un mantra que dice que “finjas hasta que lo logres”, el cual nos anima a exponernos a nuestros temores, entendiendo que siempre hay aprendizaje. ¡Tú puedes!

